Rancagua, 27 abril 2026.- Este 29 de abril, en el Teatro Regional Lucho Gatica, se realizará una ceremonia que reconocerá a personas que han contribuido a la preservación del campamento minero Sewell. Sin embargo, una historia destaca por sobre las demás: la de un hombre que comenzó esta defensa hace casi cinco décadas, cuando el concepto de patrimonio aún no formaba parte de la discusión pública.
Se trata de Alberto Collados, arquitecto, acuarelista y escritor, quien desde 1977, tras visitar Sewell por primera vez, inició una persistente campaña personal para evitar su desaparición. A través de cartas enviadas a distintos medios de comunicación, buscó alertar sobre la demolición del campamento y la pérdida de un lugar clave en la historia social y minera de Chile.
En una época en que Sewell enfrentaba un proceso de desmantelamiento, la voz de Collados fue una de las pocas que se alzó para defender su valor histórico. Su acción, una persistente y adelantada a su tiempo, anticipó lo que años más tarde se transformaría en un movimiento más amplio de protección del patrimonio histórico.
“En ese tiempo no se hablaba de patrimonio como hoy. Yo solo sentía que Sewell no podía desaparecer”, dice Collados, quien hoy recibe este reconocimiento como un hito en una trayectoria marcada por el compromiso con la memoria.
La ceremonia es organizada por la Corporación Patrimonial Sewell y el Círculo Social Sewell, entidades que reúnen a ex habitantes y familias vinculadas al campamento, y que han impulsado diversas iniciativas para preservar su legado.
Durante la actividad se entregará la estatuilla Abraham Quintana Robles, distinción que busca destacar a quienes han contribuido al conocimiento, resguardo y difusión de la historia de Sewell. En el caso de Collados, su reconocimiento representa también el valor de la perseverancia individual en la defensa del patrimonio.
La instancia cuenta además con la colaboración de la Fundación Sewell, reforzando el trabajo conjunto entre organizaciones sociales e institucionales en torno a la conservación de este emblemático sitio.
Más allá de la ceremonia, la historia de Alberto Collados pone en relieve el impacto que puede tener la acción de una persona en la protección de la memoria colectiva, recordando que el patrimonio no solo se conserva con políticas, sino también con convicción.









